Textos cortos

Una canción

    La escuchó de lejos, y se acercó al escenario porque le había gustado su voz. Se quedó porque era hermosa, mucho más mientras cantaba. El lugar es chico. Si la veo después del show le voy a hablar, pensó. Se acercó y a los gritos le invitó una cerveza. Después dos, tres. Pasaron la noche juntos, y el fin de semana entero. Dividieron las fiestas, una con sus amigos y otra con la familia de ella. Vacaciones en la costa, y el calor del monoambiente con el ventilador de piso combatiendo los mosquitos. Él se recibió primero, después compraron el ph, y después ella. Hablaron de tener chicos. Hasta acá está bien, pensó, y se volvió a su casa sin haber terminado de escuchar una sola canción.


Los amigos del rey

    Había una vez un reino sin fronteras. Su territorio eran los seres queridos de cada uno de sus habitantes, y nada más. Para Tomás, el reino eran sus padres, su hermana y sus amigos; para Javier, sus perros y nadie más. Y el rey de ese reino era la única persona que podría ser rey de un reino tan particular, porque no le interesaba reinar, sino que lo quieran por ser el rey. Por eso viajaba a otros reinos a reunirse con otros reyes, y publicaba edictos para dar a conocer sus amistades con otros gobernantes. “El rey de este reino me considera su amigo, porque le regalé mucho oro”, “El rey de este otro me quiere mucho, solo por poder cultivar en nuestros campos y pescar en nuestras costas”. Y así, con el tiempo, el rey se llenó de amigos, pero se quedó sin reino.


Separación

    Mamá se sentó de un lado de la mesa y papá del otro. Están cansados, estuvieron horas poniendo cosas en cajas, parando para gritarse o llorar. Ahora se miran, pero no hablan. Yo recién me desperté de una siesta, y voy a comer algo antes de empezar a jugar, pero siento que están tristes y que los tengo que consolar. “Ahora no Luna, que me vas a hacer mierda”, dice mamá cuando me acerco. A ella no le gusta tanto que me acerque, por eso prefiero dormir acostada encima de papá, aunque es cierto que a ella le gusta jugar conmigo y siempre me viene a buscar. Por suerte no tengo que elegir yo, son ellos los que van a decidir con quién me quedo. Seguramente sea con papá, porque él está más triste, así que me necesita más. Me pregunto si es la última vez que voy a ver a mamá, y si me va a extrañar.


Pedido de captura

    Se despertó antes de que sonara la alarma, eran casi las dos de la tarde. La miró a la Rocío que seguía durmiendo, todavía maquillada. En la mesa de luz tenía tres celulares, dos descartables, que usaba para los negocios. Estaba cansado, más cansado que nunca. Se puso el buzo de Laferrere que todavía apestaba a humo y cerveza, sacó veinte mil pesos y su documento de la billetera y salió para la calle. El resto de la guita la dejó arriba de la mesa, para la Rocío y para la nena. En el camino compró una docena de facturas, que traía una de cortesía. Cuando llegó no había fila. Antes de decir el número de orden le dió la bolsa de la panadería a uno de los fiscales, que le agradeció contento. — Puede venir un ratito oficial? -La presidenta de mesa, por lo bajo, le dijo algo al policía designado. Él sabía de qué se trataba.
— Me va a tener que acompañar señor.
— Si, lo sé. Puedo votar antes?


Los hombres no lloran

    Los hombres no lloran. Lo supo antes de ser hombre. ¿Por qué te gusta tanto el fútbol?, te juro que no entiendo, le dijo la chica del balcón cuando él le fue a pedir un pucho. Durante la reunión en lo de Carlos solo había participado cuando hablaron de fútbol, que era de lo único que sabía hablar. La miró mientras trataba de aprender cómo se prendía el cigarro armando que él no fumaba, que solo había usado de excusa para acercarse a hablar. Se acordó de su mamá llorando mientras su viejo abría otra cerveza. De la primera vez que le rompieron el corazón, y de cómo le habían enseñado que las minas van y vienen. No se acordó de ninguna conversación con su padre. Ni con nadie en realidad, no una conversación en serio. Trató de encontrar un llanto en su vida que no haya sido en la popular del Gasómetro, aunque sabía que no lo iba a encontrar. Inhaló el humo. Tosió. No sé, solamente me gusta.