Carta de un soldado a mamá

Se ruega a quien encuentre esta carta retornar a Liliana Duarte. Es el último deseo de un recluta del Ejército Argentino. Gracias. San Cayetano 3401, Corrientes.

Please, return this paper to adrees Liliana Duarte. This paper have notice for my family. Thank you.
San Cayetano 3401, Corrientes.

    Te extraño ma. La última vez que comí fue hace tres días. Me quedé sin agua hace dos. Me queda un último pucho pero ya no tengo fuego. En la caja encontré un lápiz y esta hoja, capaz me lo mandó Dios con las donaciones para que te pueda saludar.

    No te preocupes ma, no tengo miedo. Miedo tenía de que me agarren los yankis, y no me agarraron. Miedo tenía de los rayos cuando estaba estaqueado en la tormenta. Ahora solo estoy esperando que termine.

    Los hicimos correr, sabés? No creo que ganemos, pero estuvieron cagados. No sé cuánto los tuvimos a los tiros contra las piedras, toda la noche. Al final nos quedamos sin fusiles, se trabaron todos, y ametralladoras no escuché más tampoco.

    Escuché que Oliva nos mandó a replegar a los que oyéramos, pero no se veía nada y con el Perro nos perdimos. Me dijo que no nos iban a venir a buscar, porque no somos parte del regimiento viste?. No se despertó ayer el Perro, tenía tres tiros y no me dijo nada.

    Te extraño tanto ma. Te escribo a vos y no a la flaca porque a vos te dejo sola, me vas a tener que perdonar. La flaca los tiene a los chicos y a su familia, lo que me duele es dejarte sola a vos.

    Gracias por todo ma. Estas semanas conocí chicos de todos lados. El Perro es huérfano, a otro lo fajaba el viejo y lo llevó a la colimba de la oreja. De vos no me puedo quejar, siempre nos cuidamos desde que se nos fue el viejo. Cosí la bandera que me bordaste en la campera, como vos me enseñaste, aunque se la llevaron para abrigar a un herido, y tuve que improvisar un chaleco con una bolsa de arpillera. Ya no se siente el frío igual, así que estoy bien.

    Te acordás el día que nos vinieron a buscar, cuando arrancó todo? Me voy a ir pensando en ese día ma, en ese último abrazo. Ojalá alguien te lleve esta carta, aunque la escribo para mí porque sé que es difícil. Pero quiero que sepas que estoy bien, que aguanté las malas con el coraje correntino que me regalaste. Que no tengo miedo. Que tenés que estar orgullosa ma, porque no teníamos con qué y los aguantamos igual, como pudimos. Me quedo sin espacio ma. Y no siento las manos. Te quiero mucho.